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Etimológicamente la palabra glosario proviene del término latino glossarium, es decir, un conjunto de glosas, una reunión de notas escritas en los márgenes o entre lineas en un libro o cualquier otro texto, en las que se explica el significado de algunas palabras que el lector encuentra oscuras o difíciles de comprender. Es efectivamente éste el proceso que dio lugar a este conjunto de términos que, por lo menos a un servidor, le parecieron bastante oscuros en el primer momento en el que se topó con ellos. Surge en primer lugar en papel, como un conjunto de fichas que acompañaban a cada uno de los temas de oposición y que aclaraban conceptos que me eran desconocidos o que consideraba necesario ampliar con fuentes externas. Pronto el volumen de anexos se hizo ingobernable, por lo que decidí comprar un fichero de esos tipo siglo XIX y distribuir los conceptos de forma alfabética. Cuando el siglo XXI llegó a mi casa, creí adecuado subir a Internet todas las fichas que conformaban mi no-tan-pequeña colección. En esas estamos ahora.

Ahora que miro con un poco de perspectiva el conjunto de términos que forman este pequeño glosario (que reúne términos desde hace ya casi tres años), veo que sobre todo hay mucho relacionado con el mundo de las nuevas tecnologías (bases de datos sobre todo, una auténtica maraña de nombres y empresas), asociaciones y organizaciones bibliotecarias y culturales, repositorios institucionales y temáticos, catálogos colectivos y, algo menos, pero no por ello menos importante, conceptos relacionados con el proceso técnico, la conservación y otros términos que tradicionalmente han formado parte del típico glosario, aunque algo más (y mejor, eso creo) explicados. Trataré de subirlos poco a poco, al menos uno al día cuando no tenga mucho tiempo, para que de ese modo sirva a todos aquellos que quieran saber más sobre un mundo en constante cambio como es el de las bibliotecas.